Amalivaca. (El padre de toda la gente).

Mito Tamanaco.

Recomendado para niños mayores de12 años

 

El sol se hizo zamuro  cuando se alzaron  los pájaros. La tormenta revuelca las aguas  del Río Padre-Orinoco que viene tragando peces, gente selva y  mariposas.-

“…yo vi. qué come el río  y vi su mesa y tenía platos  como guayabas podridas  y ganado muerto  y casas  y todas las siembras  que se llevó  y un hilo verde, muy verde, como un ángel…

 

 

En la cima del  Tepú-Mereme hay un hombre y una mujer sobrevividores.

Abajo, los idos. Revolcados entre el desbaratamiento de las aguas. Y aquel ruido atronador tragándose  el boscaje. Y ellos, hechos casi roca con su ingrimitud a cuestas, pegaditos de puro miedo.

Allá en lo más alto, sin nadita poder hacer. De aquellas aguas casi mares, surge Amalivaca. El,  el Padre  de Toda la Gente. El, encanoao viene y hace el salvamento del hombre y la mujer. El, con su voz de eternidad  les dice: -Padre mío. Madre mía. Aquí  los dejo, en esta mi casa del Tepú-Mereme. Testigos  perennes  sean.

Cuidadores de gente sean. -.

Después, se hunde en la torrentera. Mete un aguazón  dentro de su boca, mira el cielo donde aún  el sol  es puro negror de pájaros y exclama:-¡Terminó¡!Terminó¡ No más acabaciòn .

El  sol “…andaba el sol muy alto como un gallo brillando, brillando, y  caminando  sobre  nosotros. Hechaba  sus plumas  a un lado, mordía con sus espuelas al cielo…”

La lunación llega. Amalivaca tocaba su  “samburai,” un tambor pétreo. Puro gozo es el espacio. La selva  es un incendio musical. El Dios se alza  poseso de seres aún por crear  y con los brazos hechados al viento, le dice a su hermano Vochi:-  estas, mis tierras repoblar debemos-.

Y los salvados responden: ¿Cómo? si sólo muerte Catena-Manoa nos dejó.

- De palma de moriche gente nueva nacerá. Las semillas  sobre sus cabezas tiren. Fuerte. Fuerte. Hacia atrás. Contra la noche-.

 

 

De cada semilla un hombre  y una mujer nacieron, nuestros primeros padres. Así, volvimos. Hijos de moriche somos. Así,  los ancianos cuentan la  historia.

Las hijas de Amalivaca  habían venido junto  con su padre en la canoa sagrada y se la pasan por ahí…., muy paseadoras, recogiendo orquídeas, luciérnagas, hojas brillosas, guacamayas y colmillos  de báquiro para adornarse. Y jugueteando entre helechos y malangas las sorprendió Amalivaca, diciéndoles: 

-¡Basta! ¡Basta ya! Una raza nueva debo yo hacer. Hombres y mujeres esta selva poblar deben. Aquí vivirán. Aquí, donde el cántico de paujíes y guacamayas nadie pueda silenciar. Aquí donde ríos y lagunas jamás sequen. Aquí, donde lunaciones y lunaciones pasen y vida, vida siempre haya en nuestros territorios.

En la festejación entre cánticos,  bailes y fumadera, Amalivaca unió a sus dos hijas  con hombres-semilla. Se estremecieron de nuevo las aguas y lo pijiguaos. Los andurriales se hicieron lechos para amarse.  Las dos parejas  andaban por ahí…, enluzadas  de tantos –tuya quiero ser, de tantos –tuya quiero ser, de tantos te amo mujer te amo. De tantos hagamos los hijos, pues-.

Así nacimos los Tamanacos. Así sucedió hace muchas lunaciones .Allá en lo más lejoso del bosque.

Amalivaca se va. En su canoa sagrada remonta el Río Padre-Orinoco, dejando atrás aquel semillerío humano, aquella  tanta- gente-moriche, aquella raza  vegetal,  que ahora lo ve desdibujarse bajo Emanaida, luna negra, Emanaida, luna inmensa.

Emanaida preñada de cocuyos locos tejiendo una corona luceada sobre la cabellera del Dios. Y EL,  dador de vida, yéndose, yéndose hacia otros espacios, internándose  en esa otra selva  del nunca más.

 
 

Los hombres-semilla, los  tamanacos, se sembraron igual  que sus morichales  a orillas del río  Asiverú.  Allí, hicieron  vida. Allí estaban  hasta que el  sueño  de el Dorado les zumbo a los hombres-caballo. Desde entonces, empezó la otra acabación. Aún no ha terminado.  Ya no están  más.

“ …. De sal  y hierro, de caballos y muerte son los dioses  del enemigo. ¡Y nuestros dioses ocupados jugando , ni se fijaban…”


Pág. 24 y 25 Los textos  entre comillas son de Ramón Palomares, en orden Sucesivo.

1) Paisano_ “Entre el río”.p24, contexto _Editores _ Caracas- Venezuela.

2) Rosio p. 142  Monte Ávila Editores, Caracas Venezuela. 1977