Los Gemelos.

Etnia kariña

 
   

Durante aquellos tiempos primigenios, Vedú, el sol, muy enamorado de una mujer Kariña estaba y hacia los cielos se la llevó una vez para amarla. Las nubazones troja de agua  se hicieron  para servir de lecho  a tantos  amoríos, a tantas copulaciones astrales, a tanto jugueteo sideral, hasta cuando llegó el instante  de la separación.

A mi casa debo irme, - dijo Vedú a su amor.- ¿Y donde está?-le

 
 

 

 
  pregunta ella.-Por ahí, al llegar al cruce de caminos de las dos plumas, la roja de guacamaya te llevará  a mi caney y la otra de paují negro, a un  sendero en el cual pura gente malosa vive, ése jamás  lo debes andar-, le dijo él, perdiéndose en el follaje  de sus propios llamarones.
 

Y muy encinta de soles había quedado ella, y gemelos nacerían  de aquellos ardimientos y muy habladores  eran ellos.

-Madre, a la casa  de nuestro padre Sol deseamos ir, le dijeron.-Mas yo no puedo llevarlos, pues olvidé como llegar,-no te preocupes nosotros te guiaremos -.

Y durante el viaje le decían: -Madre queremos esa flor  para llevarla a nuestro padre- Sol – Y ella, Cortándola. Y  esa, y esa, y esa otra también,  y en aquel ajetreo florecido, ella resbaló y culpando a los hijos por la caída, mucha regañadera fue aquello mientras golpeaba a su propio vientre para castigarlos.

Y ni una sola palabra más dijeron los gemelos. Más tan llena de soles  y tan hecha mujer con tu preñadura de niños solares, tan enamorisqueada venias que muy pronto perdida estabas entre los morichales  incendiados de rochela  de manatíes, del alboroto del gran cucarachero con su “bulla mágica”, de las carcajadas del gavilán cacagua  y del juguetear de cachamas y palometas brinconeando entre las aguas. Y, por andar recogiendo hierbas y flores silvestres para olorearte, más perdiéndote ibas, mientras tus hijos, tragándose las ganas de gritarte  sus protestas estaban,  dentro de su cueva de agua. Pero ellos, nada habían dicho por el enrabiamiento que tenían  y aunque sus advertencias  le hubieran gritado, nada, nada habría escuchado ella, porque muy poseída estaba  de solerones y de aquellos toques de carrizos, de sonajas, marakas y caracolas; música venida de tanta ensoñación  y de aquellos tanto te amo, mujer, te amo; y por ese embelesamiento, al llegar al cruce de las dos plumas, ella, sintiéndose perdida, le preguntaba  a sus gemelos:-¿y ahora  qué debo hacer? Mas ellos nadita  le contestaron en su revancha ; pero, como muy grande era su deseo de llenarse de nuevo con amores enllamecidos, ella se dejó llevar por una música lejana y en especial  por los golpes del aparmàn, ese tambor que rompía la soledad de aquel  camino equivocado. Todo lo cual, la conduciría a la casa  de la vieja casi ciega, la maluca Tarunmio-comegente, quien al verla llegar, torta de casabe le ofrece diciéndole:-Esta tu casa es, descansa y chinchorrea todo cuanto desees-. Y, como enorme era el agotamiento de la Kariña, rápido se quedó profundamente dormida, mientras tanto, la Tarunmio hacia los preparativos  para comérsela. Y la rajó; pero al ver a los dos muchachos  dentro del vientre, un rasgo de bondad le dislocó las intensiones y sacándolos del vientre, en una calabacita algodonada  los puso.  Y después  de una lunación muy hombres se hicieron, por eso, arcos y flechas les entrega la vieja diciendo:-¡A flechar Paujíes culocolorado vayan ¡Y una cargamentazón de pájaros le trajeron, más ningún trozo, ni siquiera un huesito ya chupado, les dio la Tarunmio.- Mucha hambre  tenemos-. Y por tan fastidiada estar de tanta  reclamadera  los mandó  a salir, esfumándose ella en la oscuridad.

Un rato más tarde, regresa con una torta de casabe y así sucedía diariamente, por eso, puros hombres-hueso  eran ya.- ¿De dónde sacará el casabe, si aquí conuco no hay?-, se preguntaron. Y a pesar de aquel desfallecimiento , a espiar a la come-gente  se pusieron , descubriendo cómo ella, muy convertida en rana gigante, de un manchón blanco  de la espalda, saca un chorro de leche , y luego lo echaba en el budare para las tortas hacer .¡Jamás¡ Jamás Volveremos a comerlas ¡- se dijeron ellos. Y a cazar el último paují culocolorado  se marcharon, pues sólo uno quedaba después de tanta flechadera y, cuando casi le disparaban  la muerte, el pájaro grita: -¡No!, ¡no¡ no me maten porque un secreto a cambio les diré yo. La Tarunmio madre de ustedes no es, pues a la verdadera, la vieja, muy hervida en cacerola se la comió, se los estoy diciendo yo, quien hace muchas lunas nací  y mucho me viene ahora  las recordaciones.  Recordaciones, sí, como esa vez cuando nosotros supimos el final de esa tragedia, cuando todos nos dijimos: muy hondo, muy metida en sus enamorisqueamiento debió estar esa mujer, pues ni el aguazón hirviente, ni los vaporones del candelorio  la hicieron despertar de sus sueños solares. Por eso ningún grito sentimos, porque rapidísimo cocinadita de amores quedo ella. Entonces me dije, ese tu fallecer enamorado, permanecerá en la memoria de los Kariñas por todas las lunaciones  que vendrán-. Si mujer, tus hermanos mucho sufrieron  en esa ocasión, porque tu fin glorificado  no pudo ser .Si,  mucha tristumbre padecieron ellos, pues tu marido Sol ,ayunar no pudo durante tu aparición y pigmento de caruto  negro  no le fue posible untarse, ni llantos rituales a ti mujer, se te hicieron, ni ricas comidas ni bebidas donadas fueron a tus familiares  en tu funeral , ni sentada estuviste sobre un madero, ni tampoco en barbacoa con leños encendidos durante tres meses te pusieron , ni nadie , después  de ese tiempo, recobró tus cenizas , para ser enterradas con tus pertenencias. Ni tampoco tu caney quemado fue, para dejarte como a nuestros pájaros, libres de ataduras  terrestres. Más, tú, madre-vasija, tú, madre-cueva de amoríos siderales. A ti, alguna vez tus hijos  te han de vengar. Como comprenderán, no por temor  a la muerte les dije yo: ¡no me maten!, porque a ustedes les toca castigar a la Tarunmio -decía el paují culocolorado- mientras se balanceaba  en un cabello  del sol  soltado  a los aires en aquel amanecer.

Y muy enfierecidos estaban los gemelos al escuchar la confesión que de inmediato, llegaron hasta donde estaba la vieja come-gente diciéndole:-¡Vente!, vente a conuquear con nosotros-. Y colocándola  en el centro de la roza para entonar cánticos de conuco, un candelorio descomunal hacen  y los alaridos  de la Tarunmio con los tantos pájaros llevados adentro se confundieron, y ni un solo hueso le quedó, puro cenizal esparcido en el espacio se hizo. Puro negror maluco fue aquello.