PUMEYAWA Y LOS HOMBRES

ETNIA BANIVA

 

 

Pumeyawa, primera mujer entre todas, la más hermosa mujer Baniva (etnia del amazonas) poseía el  encantamiento entre las piernas. Sobre todo cuando se sentaba a rayar la yuca para el casabe. Entonces aquel animal  que guardaba  debajo de las piernas, dejaba oír cantares alegres y profundos,  que acompañaban al rass,  rass,  rass…,  de  las   manos  indias  al  triturar 

 

la yuca contar las piedritas puntiagudas del rayo. De entre las penumbras  de las piernas de Pumeyawa  saltaban al aire el trinar  de aves grandes y pequeñas, roncas y agudas e incluso, cantares desconocidos que producían el encantamiento  que solo tienen los MAWARI (espíritus que habitan en las aguas y en las piedras).

En aquel tiempo las mujeres eran felices, trabajaban unidas y hacían fiestas con Pumeyawa. Pero los hombres se sentían dominados, eran tristes, no cantaban ni hacían fiestas; porque no tenían un animal más  encantador  que el de Pumeyawa, mujer que encantaba  por ser profundamente olorosa.

 

Los hombres, que vivían rencorosos ,amargados, decidieron robar el animal que cantaba  entre las piernas  de Pumeyawa. Como muchos  de los animales eran gente mandaron al mono “macho” que era muy ágil. Pero Pumeyawa  le quemó  las manos; por eso las tiene negras  y arrugadas. Después se ofreció para tal empresa a otro más astuto  y malamañoso, el que hoy conocemos como “mono blanco”.Pero lo picaron los animales  ponzoñosos: culebras, alacranes, arañas…que Pumeyawa tenia en los “sarios” (vellos púbicos). Así fracasaron otros hombres, hasta que mandaron  al más viejo chiquito y silencioso, que con paciencia  esperó que Pumeyawa  se durmiera. Ese mono que llaman “TITI” robó  el animal  de la mujer olorosa y escapó saltando de rama en rama.

 

Pumeyawa lloró desconsoladamente  su animal  y las otras mujeres también. Entonces los hombres comenzaron a mandar  sobre las mujeres  y hacían grandes fiestas. Pero el llanto  y las lágrimas  de aquella  primera mujer fue tan grande que hasta el padre “NAPIRULI” (el Creador),  decidió castigar  a los hombres. Los hizo olvidadizos y así se les perdió el animal encantado  que remedaba  todas las aves  de canto  alegre; en adelante los banivas harían sus fiestas  con

 
instrumentos  de canto triste, fabricados con sus propias manos: guaruras, botutus, flautas, maracas…. Pumeyawa se convirtió en la avecilla  de siete colores  que canta  en  un trinar   de encantamiento, casi siempre  entre las ramas  de un árbol oloroso, que los indígenas Bare y Banivas del Guiainía  y del río negro llaman Pumeyawa. Debajo de este árbol suspiran  los hombres por aquella primera mujer.

Adaptación  del texto original  de Liborio Guaruya. (Etnia Baniva).